Homilía
15º domingo del tiempo ordinario
14 de julio de 2013


Primera lectura: Deuteronomio 30: 10-14
Salmo: 69:14, 17, 30-31, 33-34, 36, 37
o 19:8, 9, 10, 11
Segunda lectura: Colosenses 1: 15-20
Evangelio: San Lucas 10: 25-37


¿Y quién será el próximo prójimo?

Permíteme leer por una semana periódicos sin títuolos trágicos. Dame un solo motivo para pensar que la vida de hoy en este planeta pueda ser mejor que antes. Las películas modernas ponen en relieve a los héroes de los paquines baratos y gozados de mi niñez, haciendo del Hombre Murcielago un tipo pensativo, pero seguro y de la Mujer Gata una sorpresa, a la vez, traicionera y bella. En esa época era posible escoger su equipo de béisbol en el patio de la escuela justamente debajo del letrero que decía: Prohibido Jugar Béisbol aquí.

Sin embargo, mi vida juvenil también tenía sus temores y desilusiones. Mi cinismo preferido para toda autoridad no es por haber nacido durante la peor depresión económica del último siglo, sino por otros motivos mejores. Un ejemplo: durante la Segunda Guerra Mundial me exegían odiar el imperio siniestro de los japoneses, alemanes e italianos y amar sin condición a los aliados chinos y rusos. Al ser terminada la guerra, el gobierno norteamericano cambió su propaganda para hacer del amigo un enemigo y del enemigo un compadre preferido. Desde ese momento, lo que dice la arbitrariedad sólo me da sonrisas y sospechas.

Duante la juventud, se juntan muchas cosas que forjan el futuro, pero hubo una sola frase en el libro infantil, El Brujo de Oz, leído a los cinco años, que me ha orientado toda la vida. El supuesto brujo, ya desenmascarado, contesta las acusaciones de Dorothy: "No, hija; la verdad es que soy un hombre bueno, pero no sirvo como mago”. Así todos.

Desde esa lectura hasta ahora, para mí las verdades importantes han sido las mismas. Sólo las apariencias han cambiado: la química, la biología, la física y la arqueología presentan hoy otra cara; pero lo que provoca la vida o la muerte en el mundo sigue igual. Son las mismas ganas de poder y los odios tradicionales remontados al presente que andan matando por hambres o balas a los niños del mundo, facilitando las guerras entre pueblo y pueblo. Padres de familia siguen pensando que con tortillas, pan y colegio se crian los hijos sin dar ni tiempo ni muestras de amor y afecto.

¿Sabemos el valor de la vida o sólo lo que cuesta? Ya no reconocemos nuestros dones diferentes ni el espíritu compartido que los une. La solidaridad que las religiones deben prestar a los pueblos del mundo ha desvanecido en un círculo vicioso de quejas tontas. Cada uno del barrio se para en la puerta de su casa con pistola frente al otro que carga escopeta. Fingimos ignorancia, sabiendo siempre que nos podemos aniquilar.

Celebramos el bautismo para medir la belleza de la vida con los palos de la brevedad y la muerte. Se mide para no perder la oportunidad de realizarla plenamente. Sin embargo, los niños siguen matándose, los unos a los otros, para ganar, si no un territorio para la venta de drogas, por lo menos la fama de la infamia.

Lucas nos dice que somos personas evangelizadoras porque reconciliamos todo lo que hay en nosotros, abriendo un centro en donde vivimos. Es nuestro deber amar a este centro, el mismo Dios, con nuestro corazón, alma y espíritu.

El pasado nos enseña a aprender por experiencia y a atraer a toda la gente que hemos conocido. Un compañero mío panameño decía que nosotros no podíamos faltar de las reuniones del barrio porque la gente nos daba vida. Por este motivo, nuestro presente debe ser siempre alegre; allí recibimos mucho del pasado y se abre un futuro. Hoy nos juntamos, relacionándonos de cerca para soñar juntos con el futuro lejano que jamás veremos. Tenemos dones que servirán a los del futuro sin perjudicar las prioridades y agendas de esa gente. Quiero decir a esas generaciones que alguien de esta época se ha preocupado por las relaciones humanas que ellas profundizarán en ese futuro, y por la unidad del espíritu humano. Ellos deben saber que nosotros también hemos creído más en las personas que en las ideologías o las búsquedas del poder. Hay que decirles que el aceite mezclado con vino sirve para sanar heridas y toma muchas formas. Quiero comunicar mi amor por ellos y que yo los valoro bastante.

Lucas nos dice que el prójimo es la persona que necesita nuestra ayuda. Debemos unir el futuro, el pasado y el presente, amando así sus formas relativas, poniéndoles luz, aire y agua, relacionándonos todos por fe y por el amor a la justicia. Sólo así seremos partícipes de la historia política y espiritual del mundo.


Donaldo Headley



Donaldo Headley se ordenó al sacerdocio en 1958. Se graduó con MA en filosofía y STL en teología de la Facultad Pontificia del Seminario de Santa María del Lago en Mundelein, Illinois.
Derechos de Autor © 2013, Donaldo Headley.
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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/