“¿Cree usted en la Resurrección? Esta es una buena pregunta, al menos eso dice San Pablo, porque si la respuesta es no, entonces “nuestra fe es en vano” (1ᵃ Corintios, 15:14). Si la resurrección es sólo Jesús resucitando lo mismo que Lázaro, entonces, al final de la vida se moriría de todas maneras. No debe extrañarnos que tanta gente dude.
Examinemos a algunos escépticos, sobre todo en los Evangelios.
Comience con el dudante Tomás. Él estaba amargado, probablemente con el corazón partido, y ahuyentó su pena imponiendo condiciones. A menos que yo “ponga mi dedo en las llagas de los clavos y ponga mi mano en su costado, no creeré.” (Evangelio para el domingo).
Y en el Evangelio de San Lucas, las mujeres no los hombres, habían visto la tumba vacía y los ángeles, pero cuando lo contaron, “estas palabras parecieron un cuento ocioso, y [los apóstoles] no creyeron” (Lk 24:11). En San Mateo, Jesús vino primero a las mujeres, pero cuando ellas les dijeron a los hombres donde Jesús había dicho que les encontraría, “ellos le adoraron, pero algunos dudaron” (Mt 28:17). En San Marcos, Jesús se apareció primero a María Magdalena, pero cuando ella va a decírselo a los hombres, usted ya lo adivinó, ellos no la creyeron (Mk 16:9).
Es difícil no reconocer el hecho que las mujeres por lo general creyeron y los hombres por lo general no lo hicieron. Dan Brown trata de remediar esta duda de las mujeres en el libro y película llamados El Código Da Vinci. Para él, los varones han reprimido sistemáticamente la esencia del cristianismo. La verdadera verdad, guardada a lo largo de los siglos, él afirma, es que María Magdalena fue la esposa secreta de Jesús.
Además, un descendiente de la sangre y carne de Jesús está vivo hoy (una mujer, que vive en el secreto y con miedo por su vida). Obviamente si los evangelios son encubrimientos enormes de tales hechos, entonces la resurrección es sólo uno vuelta más de la rueda brillante del engaño.
Bueno, cuál es la verdad sobre la resurrección?
Aquí hay algunas maneras de pensar sobre ello.
En primer lugar, imagine un suelo rico en el cual crecen muchas plantas y árboles, flores agradables y hierbas. Imagínelo como una foto perfecta sólo un segundo: el suelo siempre está en barbecho y listo para sembrar. Las flores siempre son delicadas y encantadoras, y aunque tengan sólo una vida corta, renacerán otra vez cuando sea el tiempo. Se mezclan en el suelo y se regeneran.
Ahora dé un salto gigantesco de imaginación.
Suponga que pensamos en un suelo que no sea la tierra en absoluto, sino uno mucho firme, con mucha menos sustancia. Suponga que es realmente la cosa que llamamos "el amor". Todas las cosas vivas (y no vivas) nacen de esa tierra.
Usted verá inmediatamente que la mayor parte de nosotros lo tenemos al revés. Creemos que el amor es algo que proviene de la gente que está viva. La verdad es simplemente lo opuesto. La vida es secundaria. Es sólo una planta de jardín, y crece de una arcilla tan rica que apenas lo notamos. Amor. Estar vivo surge del suelo llamado amor. ¿Decimos que Dios es vida, o decimos que Dios es amor?
Jesús seguramente perdió su vida, como cada uno de nosotros lo haremos al final. Pero Él estaba tan unido con el amor que su vida creció otra vez de ese amor.
También lo hará la nuestra si vamos con él.
John Foley, S. J.
Traducción Julián L. Bueno, Ph.D.
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