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“Nunca lo creeré.”
Guardamos una imagen gloriosa de la primitiva comunidad cristiana: sentían y pensaban igual, nadie reclamaba como suyo propio nada de lo que tenía. Tan deslumbrante fue su testimonio que todos les respetaban.
Ninguno entre ellos pasaba necesidad, y se les distribuía según lo que cada uno necesitaba. Tal vez pensaban, según se escribió en la primera carta de San Juan, que como creyentes en Jesús, Hijo de Dios, podrían vencer al mundo.
La narración de la primera comunidad, sin embargo---una comunidad oculta tras puertas cerradas, una comunidad escondida por miedo---nos indica quizás que no vivían en la más perfecta armonía.
Es digno de mencionar que la primera palabra que se atribuyó al Señor resucitado fue “paz.”
Entonces, se puede suponer que la comunidad se encontraba de alguna manera en un estado de inquietud. Y parece que no sólo fue por temor ni por una desilusión terrible. Bien podría ser por desacuerdo porque Jesús sigue diciéndoles “Si les perdonan los pecados a los demás, les quedan perdonados; si se los retienen, les quedan retenidos."
¿Qué es lo que perdonará el don del aliento del Espíritu Santo?
La sagrada escritura narra que “dio la casualidad” que Tomás no estaba presente cuando llegó Jesús. Más tarde la comunidad le saludó a Tomás con las palabras, “Hemos visto al Señor.” Y él simplemente se negó a aceptar su testimonio.
"Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."
Si esto fue una causa importante de división o no, es evidente que Tomás fue el primer cristiano que disintió formalmente de una convicción fundamental de la iglesia reunida. Después de todo, no creyó en su testimonio de la Resurrección.
A pesar de la herida de esta división, sin embargo, Tomás permaneció con la comunidad y parece que le aceptaron. De hecho, una semana más tarde cuando Jesús se presentó entre ellos, Tomás estaba presente. Y Jesús le habló directamente: “No seas incrédulo, sino creyente.”
A mí, me fascina esta narrativa que tanto da que pensar. Aún si el perdón no es el tema de este encuentro con Tomás, es claramente verdad que Tomás permanece con la comunidad a la cual él cuestiona tan profundamente.
Me temo que si yo hubiera estado encargado de la iglesia, habría sido distinto.
Reconozco que tengo la fuerte tendencia de excluir de la categoría de creyentes a las personas que no aceptan elementos importantes de nuestros ritos y doctrinas. Aún así, el ejemplo de la comunidad durante los tiempos de la resurrección debilita esta manera de pensar. No le excluyeron a Tomás.
No le echaron de la comunidad ni le obligaron a aceptar lo que le dijeron sobre la Resurrección de Cristo. Quedó bienvenido. Aparentemente, le perdonaron y no quedó retenido a pesar de que no había abjurado todavía de su herejía.
Me pregunto qué lección tendría todo esto para una iglesia que tiende a excluir a los marginados.
De nuevo, no estoy dispuesto naturalmente a alegrarme de tal observación, pero las pruebas del texto lo requieren. Y tiene algo importante que enseñarnos a todos nosotros.
Bastantes son los liberales y los conservadores que se comportan como si la presencia del otro grupo es tóxica para la Iglesia. Se han montado guerras y persecuciones en nombre del dogma.
Se ha excomulgado a gente y se han proclamando sanciones en el nombre de las buenas costumbres.
Las divisiones han herido a la Iglesia y han dañado nuestro testimonio de la fe. La pasión por tener razón ha servido por lo menos tanto al egoísmo personal como a la misión de Cristo.
¿Quiere decir todo esto que cualquier cosa vale, que no existe ni causa ni verdad dignas de defender y de crear divisiones? ¿Es una invitación al caos de la diversidad sin base ni unidad? No es necesariamente así.
Lo que dio paso a la nueva entrada de Jesús en la comunidad fue el hecho de que los apóstoles estaban reunidos en su nombre. Por lo menos Tomás no se había endurecido al testimonio de los demás. Al menos no salió de la Iglesia y no se antepuso a la Iglesia. Tal vez tuvo una actitud de disidente, pero fue en el contexto de una relación basada en Cristo. Hay división, pero también hay humildad y franqueza.
Jesús nos dice al Tomás que llevamos dentro: “Trae el dedo y toca mis llagas: las llagas de mi humanidad, de mi Iglesia, de mi cuerpo crucificado, de mi cuerpo resucitado y de mi cuerpo místico.”
Y ¿cómo responde Santo Tomás, el dudoso, el no creyente, el escéptico? Responde, “Señor mío y Dios mío,” que es uno de los textos sobre la divinidad mas fuertes del Nuevo Testamento, aunque lo más probable es que se añadió el texto más tarde. Sin embargo, tal es el poder transformador de la fe de la resurrección.
“Éstos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.”
Que ellos nos ayuden a creer. Y a perdonar. |