Los dos evangelistas, Mateo y Lucas, nos regalan su propia versión de las bienaventuranzas. Cada evangelista las recibe, no del Evangelio según Marcos, sino de otro documento que no poseemos en su forma completa, una colección de dichos y hechos de Jesús. Al analizar estos dos textos, los exégetas concluyen que Jesús originalmente decía sólo tres bienavxsenturanzas en su lengua aramea: Felices son los pobres, felices los que tienen hambre, felices los desposeídos. Los dos evangelistas redactaron estas tres frases para expresar las necesidades y posibilidades de sus respectivas comunidades de Antioquía y Asia Menor. Nos dicen que somos ricos, felices y realizados en la vida si vivimos el Reino de Dios por adelantado, si vivimos con Dios al centro de nuestras experiencias.
Mateo hace más espiritual lo que dice Jesús para incluir a los marginados que se condideran indignos del Reino de los cielos. Lucas desarrolla las bienaventuranzas de Jesús en cuatro oportunidades que permiten a la comunidad a compartir la vida con los que nos son de su propia familia o grupo étnico. Marcos, quien siempre echa cuentos buenos y probablemente no tiene el documento que Mateo y Lucas poseen, presenta las bienaventurazas en la persona de la viuda del Evangelio de hoy.
Jesús dice a los discípulos que la pobre señora dio más de su escasez que los ricos que echaron al tesoro del templo lo que seguramente les sobraba. Ella dio lo que tenía para la cena o para el desayuno de la mañana.
Para Marcos y nosotros, ella está en el corazón de la prédica de Jesús. Vive como señal de las bienaventuranzas y el Reino de Dios. Ella sabe que es rica, no por lo que lleva en su cartera, sino porque Dios está con ella y ella con Dios. Cómo pasará la próxima comida no le interesa. Ella está dispuesta a arriesgar todo para expresar su fe en el Dios que la acompaña y a Quien ella también acompaña.
Ella es pobre, tiene hambre y está desposeída. En la Palestina de la época de Jesús, ella no tiene derechos. No había seguro social ni herencia para ella. No posee nada sino la oportunidad de vivir el Reino de Dios por adelantado, confiada de esa posibilidad.
Hace unas semanas, una mujer deshabilitada de la comunidad me dio un sobre marcado para “los niños pobres”. Sólo después tenía yo la oportunidad de abrir el sobre. Adentro hubo un cheque sin cambiar de su sueldo. Yo sólo puedo imaginarme de lo que ese cheque significaba para ella material, psycológica y espiritualmente. Ella dio todo lo que tenía en un momento dado para ayudar a otros. Sin duda, estaba viviendo las normas del Reino de Dios por adelantado.
Los políticos y los bancos nos dicen siempre qué hacer con el dinero como signo del tiempo que gastamos para recibirlo. Unos dicen que hay que confiar en el gobierno para que reparta la economía a sus miembros marginados. Otro nos dice que los ricos lo harán se sólo les damos la oportunidad, eliminando una parte de sus impuestos. Todos los políticos dicen que su visión removerá todo el mal y efectuará todo el bien.
Un miembro del equipo parroquial explica el problema de otra manera. Todos tomamos decisiones para contribuir o comprometernos. Las contribuciones ayudan, pero el compromiso va más lejos; representa la compasión y el acompañamiento. La raíz de la palabra hebrea de “compasión” significa la matriz de la mujer. Nadie puede ser más comprometido que la mujer embarazada. No hay límite a lo que ella hace para seguir acompañando a la criatura que va a nacer. Comen, duermen, se mueven y respiran juntas. Nunca están solas, siempre unidas. La madre es la compasión y el compromiso.
Parece que, como discípulos, tenemos un problema. Sin duda, nos
gustaría contribuir a un mundo mejor y más justo. Sin embargo, como
discípulos, hemos sido llamados a ser más que contribuidores. Somos
los invitados para proclamar el Reino de Dios en todo lo que hacemos.
Supuestamente damos pasos en la vida, no por lo que tenemos en el
bolsillo, sino por lo que llegaremos a ser al acompañar a Dios en el
desarrollo de la vida. ¿Qué estamos dispuestos a dejar en la tesorería
de Dios o en la persona del prójimo ?


