Este domingo vamos a oír decir que sólo Cristo es luz para todos los pueblos, para todo el mundo (Primera lectura) Las enseñanzas de Jesús, su vida, su muerte y su resurrección, fueron una revelación de Dios a todas las personas, sin excepciones.
¿Pero cómo puede ser? ¿Y si Dios se encuentra en las otras religiones del mundo también? ¿Cómo pueden ser Jesús y el Cristianismo la luz de las naciones si las otras religiones también alcanzan a Dios? ¿Aquí no hay una contradicción?
Aparte de los otros efectos del ataque a Las Torres Gemelas de Nueva York, ese evento hizo que muchos estadounidenses se dieran cuenta de la existencia del Islam. Aunque, trágicamente, fueron unos cuanto extremistas los que nos obligaron a ser conscientes, ellos tenían muy poco que ver con el verdadero Islam. Los musulmanes, lejos de ser una pequeña secta lejana con creencias raras e insignificantes, son un gran pueblo que adora al mismo Dios que nosotros. Su ideal es, como el nuestro, el amor. Son una parte integral de este país.
Pero, así como algunos cristianos han hecho en el pasado, entre los musulmanes hay fanáticos terribles que están dispuestos a matar. Al igual que el IRA en el norte de Irlanda, esos fanáticos representan una parte muy pequeña de una religión que se mantiene fiel al único Dios. El espíritu de Dios se encuentra en los musulmanes y los judíos, así como en los cristianos. Como San Pablo nos dirá este domingo, “en cualquiera nación, el que le teme y obra bien, es de su agrado.”
La cuestión de si alguna religión posee el “derecho” a Dios me hace pensar en los niños que les preguntan a sus padres a cuál de sus hijos quieren más. “Si quieres más a mi hermana que a mí,” dice uno, “entonces no me quieres a mí en absoluto.” Ya, ya, niños, queremos a cada uno de ustedes de una manera especial, de la manera que es perfecta para cada uno.”
Así que, para empezar, no pidamos una respuesta definitiva sobre la “única” verdadera religión, dando por sentado que todas las demás son falsas. De hecho no hay competencia entre ellas. Las religiones son distintas aproximaciones a Dios, y cada una ilumina un aspecto especial de Dios. Los celos y el odio entre nosotros, los creyentes, son equivalentes a lo que pasa en las familias disfuncionales, en las que cada persona tiene que luchar por ser reconocida. Imagina un mundo en el que Dios quisiera sólo a los cristianos e ignorara a todos los demás.
Es mucho mejor visualizar la manera en que cada religión apoya a las otras.
En sus raíces, el cristianismo le aporta una revelación muy especial al mundo: el sufrimiento de Jesús muestra, claro como el agua, el amor. Este mensaje es justo lo que todos necesitan oír. Dios enfrenta lo más oscuro de la vida humana, algo que de otra manera no hubiéramos conocido. No duda en sufrir como nosotros, hasta sufrir a manos del pecado, la humillación y la muerte. Se convierte en la luz de todas las naciones—no como una luz que sustituya a otras luces, no como una luz que apague todas las otras, sino como un rayo sin par. Su brillo presta forma, fuerza y profundidad a todas y cada una de las demás luces.
Así que, ¿cuál de las religiones ocupa el primer lugar? Los cristianos Católicos harían bien en procurar ser los últimos y servir a todos los demás. Especialmente si queremos comprender por qué, en la Epifanía, una pequeña criatura es la luz de todas las naciones.

